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18 มกราคม Lazos de agua (II de III)Aquí tenéis la segunda parte del cuento que os empecé a copiar el pasado jueves... Para quien no leyera la otra entrada en que publiqué el comienzo del relato, o simplemente por si no recordais demasiado bien cómo quedó la historia y quereis poneros al día, podeis pinchar AQUI.
Lazos de agua (2/3)
...David nunca se planteó realmente la causa del miedo de su hermana. Desde que su recuerdo alcanza, la vida de Beatriz había sido así y era lo único que le importaba. A pesar de que, efectivamente, este problema incitaba a David a estar pendiente de su hermana, su verdadera obsesión por protegerla radicaba en el sueño que casi cada noche se repetía. Aunque varias personas sabían que David pasaba muchas noches sin poder dormir por miedo a sus pesadillas, él jamás había contado a nadie que era siempre la misma la que lo atormentaba.
Fue el día que cumplió once años cuando la tuvo por primera vez. David y Beatriz no solían discutir, y nunca de manera airada, pero ese día David tenía una ilusión especial en celebrar su cumpleaños, ya que había conocido a Isabel, una chica del colegio que le parecía bastante especial, y a la que, a pesar de su timidez, había logrado convencer para que estuviera en su cumpleaños. Era domingo, e Isabel, Beatriz, David y cuatro amigos más de éste habían acordado ir a la casa de campo de uno de ellos, que era más grande y adecuada para poder jugar al aire libre y disfrutar del día. Para ello la madre de Isabel había preparado una tarta y todos iban a llevar juegos. Pero el día despertó gris, y el cielo humedecía con fuerza las carreteras. Beatriz no quería ir. Por primera vez, David presionó a su hermana que llorando, rechazó tantas soluciones como le proponía, y en un arrebato de nerviosismo, golpeó a David. Éste, que ya se encontraba enfadado por la situación, encolerizó y cogiendo a su hermana entre sus brazos salió con ella a la calle con la intención de que la tormenta la empapara y demostrarle que nada ocurre por permanecer bajo la lluvia. Beatriz pasó del nerviosismo a la angustia y, mientras gritaba y lloraba, se iba agitando su respiración y las pulsaciones se elevaban. De repente, Beatriz se desmayó, justo en el momento que salió Bernabé que había escuchado los gritos. David quedó pálido. Esa noche, tras pasar el día en el hospital, Beatriz volvió a casa, pero ese día para David no fue uno más.
David se acostó consternado y esa fue la primera noche que tuvo el sueño que aún hoy se sigue repitiendo. En él, está con Beatriz y sus padres en una David entorna los ojos y mira al cielo disfrutando del tacto del agua cuando, debido al bullicio de la gente, no pudo escuchar a Beatriz acercarse de nuevo que, de pronto, lo agarra del cuello mientras ríe, dejándose caer y tendiendo el cuerpo de David boca arriba bajo el agua, sin que pueda reaccionar. David, en un acto reflejo toma aire, pero ya bajo las olas, tragando una bocanada de agua salada. Salió furioso y mientras tosía descompasadamente, con una sonrisa llena de intención hundió a su hermana en el agua, que se sumergió riendo pero apareció desorientada, y apenas sin darle tiempo para respirar, cargado de coraje, volvió a introducirla en el agua. Beatriz sale con los ojos desencajados, tose fuertemente una vez y antes de que pueda hacerlo una
Hoy, a pesar de que cumple catorce años, lo único importante para David es su hermana. Eso es lo que hace cada uno de sus días especiales. Mientras termina de lavarse a toda prisa tocan a la puerta:
– ¡David! ¿Qué día es hoy? – Pregunta emocionada Beatriz
– Miércoles, Bea. ¡Ya salgo!
– Ya, miércoles. ¡Digo de número!
David, dilucidando el juego de su hermana, sonríe mientras abre la puerta.
– ¡¡Feliz Cumpleaños!! – dice ella – ¿Qué ropa vas a ponerte hoy? ¿Estás muy contento? ¿Te sientes “más mayor” que ayer? Con catorce años, ¿Qué pasa?
David sonríe, se agacha lo necesario, y le da un abrazo.
Una de las cosas realmente especiales de Beatriz, es que pregunta todo lo que se le viene a la cabeza y aunque realmente es algo que le ocurre a casi todos los niños, a menudo Beatriz formula un tipo de preguntas poco usuales. Siempre ha sido una niña extremadamente observadora y con curiosidad por temas que no suelen preocupar a los niños, planteándose dudas, normalmente abstractas, bien fútiles, bien incoherentes, pero en ocasiones, simplemente inadvertidas para los adultos. Esta curiosidad que poseía por todo lo que la rodeaba era una de las debilidades de David por su hermana. Mientras la abraza, recuerda aquel día en el cual, recién cumplidos ocho años, preguntó a su tío:
– Bernabé, ¿Qué te gusta más?
– Que me gusta más, ¿Respecto a qué? – la observa extrañado – ¿qué es lo que considero mejor en este mundo?
– ¡Sí! ¿Qué es?
– Pues no se, Bea – Piensa unos segundos antes de responder. – Quizá el amor. El amor, para los adultos es muy bonito. Quizá sea lo más grande de todo.
La niña se queda con la mirada perdida unos segundos y vuelve a cuestionarse.
– Y, Bernabé... ¿De qué color es el amor?
– Cielo, el amor no tiene color. Es algo abstracto, es decir, no tiene forma, ni color, ni nada. No puede verse. ¿Entiendes?
– ¡No! ¿No dices que el amor es lo más grande?
– Quería decir que es lo más importante – Aclara su tío – Grande ahí significaba importante.
– ¿Y la esperanza? ¿La esperanza es astracta?
– Abstracta, Bea, se dice abstracta. Claro que es abstracta. – Bernabé presume dónde quiere llegar la niña y añade – pero se dice “verde esperanza” no porque sea verde de verdad. Es un simbolismo. Es lo que sugiere. Es difícil de explicar. Si fuera de algún color, sería verde. Pero no es de ningún color realmente. La esperanza dicen que es verde, la pasión roja…
Beatriz parece que queda conforme, Bernabé la mira y sonríe contento de haber convencido a su sobrina, pero esta, tras entender la asociación entre lo real y lo simbólico, y fascinada por ello, pregunta de nuevo para sorpresa de Bernabé:
– Si fuera de algún color, ¿de que color sería el amor?
A las 8:30, una vez vestidos ambos hermanos, bajaron a desayunar y marchar al colegio. Cuando llegaron a la cocina se encontraron, pegada a un regalo ostentoso, una nota que decía:
“Llueve a mares, pero por favor, ve a hacer tu examen. Llama a la tía María para que se quede con Bea. Hoy no trabaja. Espero que te guste el regalo. Cuando regrese del trabajo lo usamos, ¿vale? Mucha suerte con tus oraciones subordinadas: eres bueno analizando. Ve tranquilo. Un beso para los dos, Bernabé.” ................
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